20 de julio de 2020


Dentro de los fenómenos que pueden tener lugar en la trayectoria familiar, la ruptura de pareja de los progenitores es uno de los más importantes, incidiendo de manera directa en la estructura familiar y en las relaciones entre sus miembros, e impactando a nivel individual en cada uno de ellos. Por este motivo, el Pleno del Consejo General del Poder Judicial aprobó, en junio de 2020, la Guía de criterios de actuación judicial en materia de custodia compartidacon la finalidad de instruir a jueces y tribunales para la adopción de decisiones relativas a la custodia de los hijos en procesos de separación, divorcio o ruptura de una pareja.

La Guía parte de tres ideas básicas, a partir de las cuales establece pautas orientativas que deben regir la vida familiar tras la separación, divorcio o ruptura, que rompen con los esquemas que parecían asentados social y jurisprudencialmente. En concreto, la Guía alienta a que abandonemos tres ideas:

  1. Que la custodia exclusiva, normalmente materna, es la más adecuada para un buen desarrollo, pues habrá que atender a las circunstancias de la familia.
  2. Que la custodia compartida es el mejor sistema por naturaleza y no debe imponerse siempre sobre la única base de que no existen circunstancias que lo hagan absolutamente imposible.
  3. Que la característica esencial de la custodia compartida es la equiparación aritmética de los tiempos que los/as hijos/as han de convivir con cada uno de los progenitores. La idea fundamental que sustenta la custodia compartida es la de coparentalidad, esto es, plena equiparación de las responsabilidades asumidas por ambos progenitores en las tareas ordinarias de cuidado, atención, educación y crianza de los/as hijos/as, de suerte que ambos participen de manera equilibrada o equitativa en el desempeño de tales tareas y responsabilidades. El objetivo no es repartirse el tiempo de estancia por igual, sino equiparar la dedicación de ambos progenitores a los hijos e hijas y crear una vinculación afectiva que tenga en consideración al referente paterno y al materno. Partiendo de esta idea fundamental, y siempre que se mantenga ese equilibrio en el desempeño de las tareas de cuidado, atención, educación y crianza, es perfectamente posible el establecimiento de custodias compartidas que no se ajusten a un reparto aritméticamente igualitario de los tiempos de convivencia de los/as hijos/as con sus progenitores. Ese reparto puede ser asimétrico y centrarse en funciones y cometidos.

El éxito de obtener una buena base para regular las relaciones familiares reside en la capacidad de valorar y adecuar las circunstancias de todos sus miembros. Por este motivo, es necesario contar con especialistas en derecho de familia, capaces de analizar la situación actual de todos los miembros y de prever situaciones futuras que puedan enturbiar la relación, así como de dar soluciones a éstas.

Descargar la Guía.

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